jueves, 22 de marzo de 2007

EL DISCOLO SOBRINO

Reproduzco tres cartas de reacciones sobre la censura vaticana al teólogo de la liberación Jon Sobrino. En el posteo anterior (ver más abajo) se explica el caso en detalle.


2 CARTAS AL DIRECTOR DEL 20 DE MARZO (EL MERCURIO)


Teólogo notificado


Señor Director:

A pesar de consultar algunas opiniones autorizadas, como las del arzobispo de San Salvador, del cardenal Medina y del profesor Fernando Moreno, el artículo titulado "La fe en disputa" (18.03.07) adolece de graves imprecisiones.

Desde luego, en ninguna parte se explica con claridad y por su nombre aquello de que pretende tratar la crónica, que hubo una "notificación" de la Congregación para la Doctrina de la Fe hecha al teólogo de la liberación Jon Sobrino -cuya publicación ha sido ordenada por el propio Papa Benedicto XVI- en la que se explica pormenorizadamente cómo su enseñanza no es compatible con la fe de la Iglesia.

Por el contrario, todo parece querer reducirse a una particular disputa de tendencias al interior de la Iglesia, quedando siempre la duda de si acaso estos "líderes de la teología" como se les llama (entre los cuales dos de los cuatro mencionados por el cronista, Pedro Casaldáliga y Ernesto Cardenal, nada tienen de teólogos) no son víctimas de un sector de la curia romana, única aparentemente responsable de la "notificación". La lectura de foto nos muestra a un teólogo victimizado, Jon Sobrino, que carga con el peso de esquivar, todo en bloque, "un intento de asesinato y varias advertencias de la curia".

La "notificación" a Jon Sobrino incidirá sin duda en las reuniones de la V Conferencia del Celam durante el próximo mes de mayo en Aparecida, pero esa incidencia nada tiene que ver con el debate al interior de una asamblea de políticos de tendencias contrapuestas, sino con una reflexión en el seno de una institución que es jerárquica por designio de Jesucristo.

JAIME ANTÚNEZ ALDUNATE


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Teología de la Liberación


Señor Director:

Con dolor de hijo de la Iglesia he recibido la actuación vaticana con respecto a mi hermano Jon Sobrino. Por Comunión y Participación, consagrada en Puebla, le entrego a Jon Sobrino mi solidaridad. Seguiré comprometido con la Iglesia, a pesar de sus pecados, propios de los hombres que la integramos. Lucharé por una Iglesia "sin mancha ni arruga, ni nada semejante". He leído las Instrucciones del cardenal Ratzinger: "Instrucción sobre algunos aspectos de la Teología de la Liberación" y la "Instrucción sobre libertad cristiana y liberación". En ninguna he encontrado una condena explícita a la Teología de la Liberación. Sólo hay advertencias y precauciones para no caer en una falsa teología.

¿Es que ahora se acelerará la involución y restauración de la Iglesia del Concilio Vaticano II?

La Iglesia de Comunión y Participación, en que la autoridad también descansa en todos los obispos en conjunto, como en el Concilio Vaticano II, debería haber dado a conocer con antelación una información acerca de cuáles eran los escritos y problemas que la Congregación de la Doctrina de la Fe tenía con respecto a mi amigo Jon. Los hijos de Latinoamérica sólo nos hemos encontrado con una situación de facto: una sanción que le impedirá seguir escribiendo y enseñando. Recuerdo la carta del Papa Juan Pablo II a los obispos de Brasil, país que, con sus problemas de injusticia y pobreza multitudinaria, es prototipo de todos los países de América Latina: "Estos grandes problemas no pueden ser extraños a la Iglesia... La Iglesia conducida por ustedes... da testimonio de estar con este pueblo, especialmente con los pobres sufridos... porque no duda en defender con intrepidez la justa y noble causa de los derechos humanos ...Teniendo ante los ojos esas indeclinables exigencias... Estamos convencidos, nosotros y ustedes, de que la Teología de la Liberación es no sólo oportuna, sino útil y necesaria". El Papa invita a seguir reflexionando en comunión y participación teológicamente al respecto.

EUGENIO PIZARRO

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CARTA DEL 22 DE MARZO (EL MERCURIO)

Teología de la Liberación


Señor Director:

He leído con sorpresa la reciente carta del presbítero Eugenio Pizarro, en la que alude a una supuesta vigencia de la Teología de la Liberación.

Como es sabido, esta tergiversación del mensaje evangélico surgió inspirada en la acción guerrillera de liberación política de muchos países latinoamericanos, y aun cuando se apoyó en teólogos de talento, no fue sino el producto híbrido de una anacrónica mezcla del mesianismo hebreo y del odio zelote con el marxismo -aparentemente infiltró a la Iglesia- antes de su derrumbe como teoría y praxis social.

Daría la impresión de que el presbítero Pizarro no entendió nada de lo esencial del mensaje evangélico y del sentido espiritual de la redención de Cristo, que no dio ninguna importancia a la dominación romana, ya que su misión era liberar el alma del cautiverio del mal y del pecado.

"Mi reino no es de este mundo" es la declaración decisiva de Jesús. Algunos piensan que el cristianismo tendría "una opción preferencial por los pobres". No, la opción del cristianismo es por el hombre; tanto ricos como mendigos; de alma limpia como Lázaro o despreciados como los publicanos, las prostitutas y los pecadores.

Es frecuente que se identifique -erróneamente- la caridad que enseñó Jesús con la noble compasión humana por los humildes y más necesitados. Pero no al extremo de confundir la Cruz de Cristo con la Cruz Roja. No. El camino cristiano no es el de los organismos que velan por la paz del mundo; sin duda los incluye, pero también los trasciende.

Creo de interés recordar la unción en Betania -según San Juan- cuando María unge los pies de Jesús con un perfume de Nardo muy valioso. Un apóstol, no cualquiera, sino que Judas el traidor, la reprende por el derroche de un dinero que habría servido para alimentar a tantos pobres y Jesús le dice: "Pobres tendréis siempre, pero a mí no me tendréis".

Pienso que el presbítero Pizarro debiera reflexionar esta enigmática pero profunda enseñanza.

SERGIO PEÑA Y LILLO LACASSIE

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