Subo dos cartas más de la polémica en El Mercurio.
Apenas un comentario: Si la teología de la liberación fue refutada con tanto éxito hace rato, ¿por qué tanto nerviosismo y rapidez en responder desde los sectores católicos más tradicionales?
La carta-réplica de Pizarro se publica el sábado 24. Y en menos de 24 horas ya hay una respuesta "espontánea" de parte de una argentina egresada de teología.
Nada más objetivo: una extranjera presuntamente joven que no estaría contaminada con las polémicas entre tendencias al interior del catolicismo chileno. Mmmm...
DOMINGO 25 DE MARZO:
Notificación a teólogo
Señor Director:
He leído con atención la polémica suscitada en su prestigioso diario, a raíz de la notificación de la Congregación para la Doctrina de la Fe hecha al teólogo de la liberación, John Sobrino.
Lo que más llama la atención es que el mensaje evangélico es simple y sencillo; sin embargo, los hombres lo hacemos complicado. Todos sabemos que los preferidos de Jesús, en su paso por la tierra, fueron los pobres y los pecadores. Cuando sube a la montaña para entregar el Decálogo de la Felicidad, aclara a qué pobreza se refiere y encabeza su discurso diciendo: "Felices los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos".
La Real Academia Española define a pobre de espíritu como aquel que desprecia los bienes y honores mundanos. Entonces, ¿por qué nos afanamos tanto en racionalizar y dar un tinte sociopolítico a la verdad revelada? Si cada uno de nosotros convirtiera su corazón de piedra en un corazón de carne, no habría más pobreza extrema porque la vida en verdadera comunión era lo que Él buscaba.... Es que el mensaje de Jesús no se impone en la vida, se conquista, que es distinto.
MARÍA VICTORIA MUNITA L.
Egresada de Teología
Instituto de Cultura Superior
Buenos Aires, Argentina
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SÁBADO 24 DE MARZO
Teología de la Liberación
Señor Director:
No puedo contestarle la carta a don Sergio Peña y Lillo. Hay muchos errores y cosas subjetivas que darían para un tratado de teología bíblica. No hay tiempo para eso. Sigo, con él, el consejo que me dio el cardenal Oviedo: "No te detengas a saludar a nadie por el camino". No pierdas tu tiempo. Sigue la misión que Cristo y tu obispo te encomendaron.
Con mucho respeto y queriendo su bien, junto con mi oración, le digo con humildad dos cosas evangélicas:
1. El canto de María, Virgen, nuestra Madre, es muy sugestivo; es uno de los textos que inspiran la Teología de la Liberación, la verdadera, no la caricatura que tiene el señor Peña y Lillo de ella. María anuncia que el Hijo que nacerá de ella "destronará a los poderosos de sus tronos y enaltecerá a los humildes. Colmará de bienes a los hambrientos y enviará a los ricos con las manos vacías" (Puebla 297). Nuestra esperanza como militantes cristianos y católicos tiene como fundamento esta fe. En el origen de todo compromiso cristiano hay un acto de fe: la certeza de que el mundo se puede transformar -que el hombre tiene el poder de crear de nuevo- y que nosotros somos personalmente responsables de este cambio. En esta línea está el Magnificat: Jesús viene para poner en el mundo un movimiento hacia la justicia, hacia la búsqueda de una verdadera fraternidad. Y eso se hace desde la perspectiva de los pobres. Es la Evangelización para todos los hombres de buena voluntad, pero desde un pequeño niño pobre que "no tuvo un lugar en la posada".
2. "Yo te bendigo, Padre.... porque has ocultado estas cosas a los sabios y prudentes de este mundo, y se las has revelado a los pequeños (pobres). Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito". "El que tenga oídos para oír que oiga".
Ésta es mi única y última respuesta, no sólo a don Sergio, sino a todos los que propician la restauración e involución de aquella Iglesia que el Papa Juan XXIII, al anunciar el Concilio, describió: "La Iglesia es y quiere ser la Iglesia de todos, pero principalmente la Iglesia de los Pobres" (septiembre 1962). Y posteriormente Pablo VI, respondiendo ante una multitud de padres conciliares y de los fieles reunidos en una misa en San Pedro, ante un pedido de una gran cantidad de obispos a favor de la simplicidad de la vida evangélica y de la evangelización de los pobres y del mundo del trabajo, depositó sobre el altar la triple tiara, como don de la Iglesia a los pobres del mundo (14 de noviembre de 1964).
Por último, seamos hijos de la libertad de los hijos de Dios. Don Sergio puede opinar, yo también puedo hacerlo, pero lo que no se puede, porque Dios nos hizo libres, es prohibir opinar, enseñar y escribir.
PBRO. EUGENIO PIZARRO
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