A propósito de si las FARC y el ELN colombianos son o no terroristas, discusión en que se han enfrascado Chávez y el gobierno de Álvaro Uribe, creo que es pertinente sacar un par de conclusiones que ayuden a esclarecer las cosas.
El secuestro es un acto delictivo si se utiliza con el fin de ganar dinero o perjudicar a bandas rivales.
El secuestro es un acto terrorista si se utiliza para infundir miedo o conseguir la toma de decisiones que favorezcan una causa política determinada. Por ejemplo, canjear prisioneros o alejar la presencia militar o policial del Estado.
No sé si las FARC y el ELN hayan sido terroristas en sus orígenes, pero claramente están haciendo uso del secuestro de manera delictiva y terrorista.
Así lo señalo con todas sus letras una de las prisioneras liberadas. Clara Rojas habló de organización "delictiva".
Chávez quiere lavar la imagen de las FARC y del ELN, porque a él no le conviene aparecer haciendo tratos con terroristas. Por eso habla de "ejércitos bolivarianos".
El presidente Álvaro Uribe las llama terroristas porque así puede justiticar la feroz represión que está ejerciendo el ejército colombiano, la diaria violación de los derechos humanos, la vista gorda hacia los grupos paramilitares y la intromisión del Departamento de Estado norteamericano en su país, con la millonaria ayuda en dólares y equipos militares.
Y aquí me quiero detener. Tanto el Ejército Colombiano y como los grupos paramilitares, de un lado, como las FARC y el ELN del otro son EJÉRCITOS, regulares o no, que hacen uso del TERRORISMO. El secuestro de personas, así como su tortura y ejecuciones sumarias son ACTOS TERRORISTAS. No importa que se hagan en nombre de la integridad territorial de un país, la paz social, una sociedad más justa o cualquier otra justificación.
Pero también el ejército colombiano, las FARC, el ELN y los paramilitares llevan a cabo acciones delictivas en cuanto gracias a ellas consiguen dinero y recursos en su propio beneficio o castigan a sus rivales saltándose el imperio de la ley. Más grave aún, las FARC, el ELN y los paramilitares han actuado como vulgares MERCENARIOS de los mayores criminales del mundo entero (junto con los traficantes de armas): los NARCOTRAFICANTES.
Nosotros, en Chile, debemos tener esto muy presente. Infinidad de procesos judiciales, cerrados o abiertos, con sus responsables todavía vivos o ya muertos, han demostrado que las Fuerzas Armadas durante la dictadura militar practicaron el TERRORISMO al secuestrar personas, torturarlas y asesinarlas. Las desapariciones son SECUESTROS permanentes, les guste o no a sus responsables. Ellos son terroristas con todas sus letras, porque practicaron el secuestro y añadieron a este crimen su APOLOGÍA, escudándose en abstracciones como la defensa de la Seguridad Nacional, el bien de la Patria y la lucha contra el comunismo.
Que las víctimas hubieran practicado el terrorismo no los hace menos terroristas a ellos. Fueron terroristas de uniforme y practicaron el terrorismo de Estado. Por eso deben pagar no solamente con la privación de libertad, sino con una reparación económica y moral a sus víctimas, que el Estado en muchos casos ha asumido o se ha visto obligado a asumir, por fallos judiciales.
Finalmente, recientes procesos judiciales a la familia Pinochet están demostrando que la mayor autoridad del Ejército no solamente ordenó la comisión de actos TERRORISTAS, sino también participó en la comisión de actos DELICTUALES, por cuanto persiguió un beneficio económico personal al margen de la ley, perjudicando el patrimonio del Estado.
Vaya esta lección para el pueblo colombiano. Algún día, cuando se juzgue el accionar del Ejército Colombiano, saldrá a la luz que fue tan terrorista y delincuente como las FARC y el ELN.
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